Portada » Turismo » Janitzio, Patzcuaro, escenario del Día de Muertos

Janitzio, Patzcuaro, escenario del Día de Muertos

Artículo escrito por Rosita Argüello Mora, periodista

El ambiente de Janitzio y de los demás poblados en la víspera del día de muertos es de gran fiesta, hasta que empieza el lúgubre tañer de las campanas, al conjuro mágico de los sonoros bronces, las almas de ultratumba se presentan y los vivos se congregan ante los despojos mortales de los desaparecidos. Negras siluetas van apareciendo por doquier. Llenas de amor van llegando almas piadosas con las ofrendas, cortan flores, llevan dulces, consagran alimentos como: panes y frutos, etc. Con ellas erigen un altar sobre la tumba y se sientan resignadas a contemplar las llamas de los cirios y murmuran oraciones por sus muertos. A intervalos se arrodillan ante la cruz que indefectiblemente preside el rito, y quedan pensativos como evocando a los difuntos añorando su presencia.

Janitzio es una de las bella islas del Lago de Pátzcuaro, impresiona por la forma y belleza de sus construcciones donde sobresalen las blancas paredes con techos de madera y teja, diseminadas en forma disímbola por la Isla.

Tiene además, un nombre y celebridad debidamente conquistado por la celebración de -Noche de Muertos-, la noche del 1 al 2 de noviembre aunque la celebración es semejante en toda la región lacustre, se le han otorgado a esta Isla por antonomasia. Y refieren que en esta noche, surge la sombra de Mintzita, hija del Rey Tzintzicha, y la de Itzihuapa, hijo de Taré y príncipe heredero de Janitzio.

Locamente enamorados no pudieron desposarse por la inesperada llegada de los conquistadores. Preso ya el Rey padre de Mintzita, por Nuño de Guzmán, quiso la princesa rescatarlo ofreciéndole el tesoro fabuloso que se encontraba bajo las aguas, entre Janitzio y Pacanda. Y cuando el esforzado Itzihuapa se apresaba a extraerlo se vio atrapado por veinte sombras de los remeros que lo escondieron bajo las aguas y que fueron sumergidos con él. Itzihuapa quedó convertido en el vigésimo primer guardián de tan fantástica riqueza. Pero en la noche del día de muertos despiertan todos los guardianes del tesoro, al lúgubre tañer de los bronces de Janitzio, y suben la empinada cuesta de la Isla. Los dos príncipes, Mintzita e Itzihuapa se dirigen al panteón para recibir la ofrenda de los vivos, y las luces plateadas de la luna, los dos espectros se musitan palabras cariñosas y, a las llamas inciertas de los cirios, se ocultan de las miradas indiscretas.

Nadie interrumpa sus coloquios amorosos! Mientras tanto las estrellas fulguran interesantemente en las aventuras, las campanas tocan desesperadamente y el lago gime como un alma en pena…Cuando gobernaba el gran señor Tariácuri, consolidador del reino purembe, nació uno de sus nietos, hijo de Tanganxhuán I y se le rodeó en su cuna de flores de diversos y bellos matices y aromas, por lo que se le conoce en la historia con el nombre de Tzintziqui Pandacuare (ataviado de flores).

Al construir los purépechas las yácatas de Ihuatzio, gran santuario, centro de entrenamiento guerrero, de la danza y de la música, en el que se reunían cada plenilunio para honrar a sus deidades por varios días; para el cuidado, la conservación y el ornato de dicho centro, prepararon un grupo que se denominó Cucuchucho-adoradores de las flores-, con la actividad que se desarrollaban, algunos descendientes habitan aún en la ribera del Lago de Pátzcuaro.

Lindo, ¿verdad?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *