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Cocorí está triste y las letras de luto

Artículo escrito por Rosita Argüello MoraRosita Argüello

 

 

cocoriClaro que Cocorí está triste,  porque es muy  doloroso que una obra de arte se prohíba y un libro se censure o descarte de la lista de lecturas optativas en el sistema educativo. Más si este pleito fue superado hace 9 años, y la propia Sala Constitucional, dictaminó (en dos ocasiones) que no era discriminatorio, es decir “vuelve Petra con calentura y Baltazar con calambres”.

Coincido con Leonardo Garnier cuando expresa que el pensar que este libro es discriminatorio podría generalizar ese argumento a muchos libros más y nos quedaría solo la literatura más insulsa para nuestros estudiantes. Muchas grandes obras literarias que deben ser leídas por niños y jóvenes tienen elementos polémicos y ofensivos; eso no debe llevarnos a que no se lean en escuelas y colegios, sino a que se lean bien: leerlos críticamente, en diálogo y discusión, leerlos en su contexto histórico y cultural y aprovechar la actividad educativa para que niñas y niños más bien aprendan del uso de estereotipos y del daño que causan. Así terminarían siendo realmente educativos. Sacar de la escuela todo lo que sea potencialmente ofensivo vaciaría a la escuela de toda capacidad educativa.

Es también importante tomar en cuenta que Cocorí enseña una serie de valores en su libro: como la búsqueda de la verdad (tema tan difícil como la fragilidad de la vida), la bondad, la trascendencia y el respeto a sus ancestros, algo que pareciera se está perdiendo actualmente en Costa Rica y en el mundo.

Los que leímos ese libro en la primaria, podemos recordar que Cocorí es un niño que habita en Puerto Limón, ciudad caribeña de Costa Rica, en una zona donde tiene contacto con el mar, y a la vez con toda la naturaleza del bosque tropical. Cierto día, un barco se acerca al puerto, y Cocorí tiene la oportunidad de subir en él para conocer a sus tripulantes. Entre ellos, está una niña rubia. Con una curiosidad muy infantil, Cocorí se sorprende por el cabello de la niña, ya que nunca ha visto personas que no sean de raza negra, y la niña, inocentemente, piensa que la piel de Cocorí se ha llenado de hollín y por eso se ha oscurecido, pues nunca ha visto personas que no sean de tez blanca.

Comienzan a interactuar, y a Cocorí le parece que la niña es hermosa. Después de un rato, ella regala un beso y una rosa a Cocorí, y él le hace la promesa de traerle un mono tití. De esta forma, Cocorí deja la rosa en un vaso de agua, se aventura en la selva y logra atrapar a un monito Tití, pero cuando regresa a la playa para dárselo a la niña, descubre que el barco se ha marchado. Decepcionado, vuelve a su casa para descubrir que su rosa se ha marchitado. Entonces, surge en el alma del niño una pregunta: ¿Por qué la rosa vivió sólo un día? Animado por este dilema existencial, recorre la selva en busca de una respuesta. En medio de peligros y situaciones difíciles, consigue a quienes serán sus compañeros en esta travesía: Doña Modorra la Tortuga, y el monito Tití.

Tras enfrentarse a algunos peligros, y luego de varios días ausente, el niño y sus dos amigos regresan a su hogar sin haber logrado su propósito. Se encuentran entonces con el Negro Cantor, quien finalmente le da una respuesta, y feliz, Cocorí regresa a su casa para descubrir que, del tallo seco que había quedado de su rosa, su madre ha cultivado un rosal.

Verdaderamente las letras están de luto, cuando algo tan exquisito lo tachan de racista, si más bien se enaltece a los personas de raza negra y su cultura en los campos espiritual, artístico e intelectual.

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