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“El Hobbit: Un viaje inesperado”

   Por Christiane Oelrich (dpa)

The HobbitWellington se convirtió estos días en el Centro de la Tierra Media, y unos 100.000 fans vestidos de magos y enanos transformaron la capital neozelandesa en una auténtica fiesta. La ciudad estaba en estado de excepción. Durante dos horas, el cineasta Peter Jackson y sus actores recorrieron los 500 metros de alfombra roja, firmando autógrafos y fotografiándose con sus seguidores. Había llegado el momento del esperado estreno de “El Hobbit: Un viaje inesperado”.

Para celebrar tan magno evento, la alcaldesa de esta ciudad de 400.000 habitantes rebautizó Wellington con el nombre del escenario donde se desarrollan las fantásticas aventuras del escritor J.R.R. Tolkien. Pero, al contrario que la Tierra Media y sus bosques neblinosos, la capital amaneció hoy con un soleado día y las calles repletas de gente con orejas de elfos y pipas de hobbits. Los temibles trasgos, orcos y arañas gigantes se limitaron a la pantalla del teatro Embassy.

Emocionado, Jackson confesó que el entusiasmo espontáneo de los fans le vuelve loco. Wellington es su ciudad natal, y allí llevó a cabo tanto la producción de “El Hobbit” como la de “El Señor de los Anillos”, convirtiendo la ciudad en una nueva meca del cine. “Soy un orgulloso kiwi”, dijo en referencia al apodo de los neozelandeses. “Soy uno de los afortunados que pueden hacer de su hobby una profesión.”

Sobre la alfombra roja, al más puro estilo Hollywood, todo fue glamour. Cate Blanchett, que da vida a la reina elfa Galadriel, lució un elegante vestido en tonos rojo, blanco y negro, mientras que el “Gollum” Andy Serkis se enfundó en un traje negro. Jackson, en cambio, siguió fiel a su estilo informal: pelo desenfadado, camisa abierta y calzado deportivo. “Es el único par de zapatos que tengo”, confesó a un reportero. “No tenía elección”. A lo que Freeman añadió, bromista: “Al menos no ha venido descalzo”.

“El Hobbit: Un viaje inesperado”, es la primera entrega de la trilogía y para su estreno en las salas de cine habrá que esperar al 13 de diciembre. Un año después llegará la segunda parte y, por fin, en julio de 2014, el capítulo final.

El gran ausente de la fiesta fue el “Gandalf” Ian McKellen, que no pudo acudir a Wellington, aunque una estatua gigante a la entrada del cine recordaba su personaje. “Ojalá pudiera estar allí”, dijo en un mensaje de video. “Sé que va a ser divertidísimo”. La nota discordante la pusieron un grupo de activistas en defensa de los animales, que protestaron porque, según afirman, durante el rodaje murieron algunos. En referencia al título de la película, llevaban pancartas donde se leía “El Hobbit: una tortura inesperada”. Jackson rechazó estos días rotundamente las acusaciones.

También el primer ministro neozelandés, John Key, tenía motivos para la celebración, al menos en lo que a las arcas públicas se refiere. Su gobierno financió el proyecto con unos 60 millones de dólares neozelandeses (unos 40 millones de euros), pero a cambio, el equipo pagó por 6.700 vuelos internos y 93.000 noches de hotel, y se dejó unos 380.000 dólares en café.

“Este hombre es un genio”, dijo Key sobre su compatriota Jackson. Éste, a sus 51 años, declaró que aún tiene material para embarcarse en otro par de películas. Pero primero “no estaría mal” tomarse una larga pausa. Y se lo puede permitir: La trilogía “El Señor de los Anillos” es una de las más exitosas de todos los tiempos. Y “El Hobbit: Un viaje inesperado”, promete. De momento, se estrenará simultaneamente en nada menos que 25.000 pantallas.

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