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Héroes verdaderos, heroínas verdaderas

Artículo escrito por Sergio René de Dios Corona

marchistaMexicanaLa hazaña de la marchista mexicana Guadalupe González ha circulado profusamente en las redes sociales. Dos fueron los motivos para que llamara la atención: uno, que el domingo 19 de julio, ganó la medalla de oro en la prueba de 20 kilómetros femenil de los Juegos Panamericanos que se realizan en Toronto, Canadá, y dos, que apenas cruzó la meta se desmayó por el tremendo esfuerzo. Debieron cargarla en brazos y trasladarla al hospital de inmediato. Estaba totalmente deshidratada.

En los últimos 200 metros de la competencia la atleta se lanzó a fondo para llegar a la cinta y romperla. Los cronistas cuentan que en ese tramo estuvo a punto de perder el equilibrio. Su rostro mostraba un cansancio atroz y mucho dolor. Aun así llegó tras hacer una hora con 25 minutos y 25 segundos e imponer un récord panamericano. De complexión delgada, 26 años de edad, apenas cruzó y se desvaneció, y como tardaba en recuperarse los médicos le aplicaron una venoclisis.

Lupita, como le dicen, alcanzó a comentar que desde el kilómetro 19 se sentía mal. Sin embargo, no perdió la concentración ni la actitud. Alcanzó la meta a pesar de lo duro de la prueba. Su triunfo fue conmovedor.

Los seres humanos necesitamos héroes y heroínas. Modelos que son una referencia personal y colectiva. Personas que sobresalen en algún ámbito por sus logros, más allá del promedio o lo común. Ellos y ellas, con su actuación y entrega, son un ejemplo, una motivación de las capacidades o posibles talentos a desarrollar. Como la marchista Guadalupe González. Como muchos otros que han sobresalido en la ciencia, la música, la literatura, el servicio a los enfermos, el rescate de heridos, la manutención de una familia, etcétera. Hay miles de héroes y heroínas, unos conocidos y la mayoría desconocidos, cada uno logrando sus propias metas.

Lo patético, lamentable y monstruoso es que en sectores del país se considere héroes o heroínas a delincuentes; que crueles asesinos o torturadores sean percibidos como ejemplos a imitar; que personajes que lucran con la salud física y mental de la población tengan amplio reconocimiento social; que tipos con suficientes millones de pesos malhabidos sean admirados por corromper y burlar autoridades. Como ocurre con el recién fugado de la cárcel del Altiplano, El Chapo.

Que una joven exhiba gustosa un cartel donde pide que el capo le haga un hijo, que otro le rinda pleitesía porque ha huido dos veces, que uno más diga que lo admira por el valor que asegura ha demostrado, que se afirme que ha trazado una ruta a seguir para tener mucho dinero y poder, desnuda ruinas morales, éticas, espirituales.

Para convertirse en un rico más, se escuchaba con mayor frecuencia que era necesario ingresar a la actividad política. Aunque esto continúa, ahora prevalece entre muchos jóvenes que el camino para salir de pobre y jugársela es involucrarse en la delincuencia, ser machos o conseguirse un macho que le atore y mantenga. Su reto es desafiar a quienes se oponen a la acumulación de riqueza sin compasión alguna de nadie, en réplica de la ideología dominante que permite atropellar y destruir todo.

Una sociedad puede valorarse por los modelos que promueve en su interior. Busquemos, promovamos, destaquemos, apoyemos a los verdaderos héroes. Como la marchista Lupita y muchos otros desconocidos.

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