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Keylor Navas, un muchacho excelente

Tomado del periódico español MARCA.com

Debajo de la fachada de hombre bonachón, familiar y educado de Keylor Navas se esconde un hombre bonachón, familiar y educado. Sin engaños, sin espejos ni doble caras. El hijo perfecto, el buen estudiante, el muchacho deportista y el hombre religioso, todo en uno.

kEYLOR SatelliteDesde su tierna infancia en el barrio de San Andrés, al nuevo portero madridista le inculcaron la cultura del esfuerzo y la humildad por encima de todo. Sus abuelos le criaron con el poco dinero que tenían, pero nunca permitieron que eso truncara los sueños de su nieto.

Su madre, Sandra Gamboa, es profesora de religión en la Escuela 12 de Milor Navasarzo de San Isidro el General, ciudad natal de Keylor. Cuando su hijo comenzó a jugar, con tan solo ocho años, en la escuela de Pedregoso, doña Sandra no disponía de los 1000 colones (menos de un euro y medio al cambio actual) que costaba la mensualidad del equipo donde jugaba el pequeño Navas. La generosidad de su entrenador, Juan de Dios Madriz, fue clave para el desarrollo del portero.

Un chico inquieto desde pequeño, Keylor compaginó los estudios con el fútbol sin dejar que otra cosa afectara a la otra. Era un niño 100, ya que en Costa Rica no se puntúa sobre 10 sino sobre la centena. Incluso llegar a cursar Diseño Publicitario en la universidad antes de dar el salto a Europa. Y en el barrio no se metía en problemas. Lo que más hacía era escaparse con sus amigos a lomos de Yegua, Paloma.

Fichaje por Saprissa

A pesar del tiempo que doña Sandra tuvo que pasar en Estados Unidos para ganarse la vida, estaba muy unida a su hijo. A los 14 años, se vio en la tesitura de dejarle marchar a la capital, su vida dio un vuelco. “Keylor hizo un partidazo contra el Saprissa y mientras se estaba quitando las botas, llegó el entrenador de porteros y preguntó quién era la mamá. Se me acercó y me dijo ‘Quiero a ese chiquito en el Saprissa, tiene un gran futuro’. Volví la mirada hacia mi hijo y me dijo ‘No pongas pegas, mamá’ y a los 15 días estaba firmando el contrato. Cuando venía de visita a casa era difícil, pero yo nunca le hice ver que lo pasaba mal, que estaba afligida y que le rezaba a Dios por él. Como madre me sentía mal de ver que se había ido. Pero si a un niño con tantos sueños yo no le hubiera dejado ir a Saprissa y le hubiese dejado en casa conmigo, me estaría arrepintiendo. Pero gracias a Dios tomé la mejor decisión”.

keilor y andelottiAquellos primeros meses fuera de casa también fueron complicados para Keylor, que había perdido el apoyo diario de los suyos en su empresa de alcanzar el cielo. “Después de muchas conversaciones cuando vino Saprissa me dijeron que me fuera y luchara por mis sueños. Me fui a San José antes de cumplir 15 años y los primeros meses fueron muy complicados porque yo vivía en la casa-club de Saprissa y tenía que cocinar y lavar y no sabía hacer nada”, cuenta Navas, que recuerda una anécdota: “Llamaba a mi madre y le decía ‘Quiero comer arroz, ¿qué tengo que hacer?’ Y ella me daba las instrucciones. Y mi primer arroz fue una masa. Lo cogí, puse el plato, lo dejé caer e hizo plof. Sonó cuando cayó”.

Echaba de menos su hogar

El nuevo meta blanco también sufría como su madre cuando bajaba de visita a Pérez Zeledón: “Yo todos los fines de semana me iba a casa muy contento, pero cuando tenía que regresar, el día antes, me la pasaba llorando. Mi madre me preguntaba que por qué lloraba y le decía que no me quería ir. Ella me decía que me podía quedar, que ellos me iban a apoyar en lo que decidiera. Pero al día siguiente, a las 4:30, siempre iba a llamar a mi abuelo para que me llevara para coger el bus”.

En su familia recuerdan pocas travesuras suyas, si acaso, cuando para festejar los partidos de Costa Rica en el Mundial Corea y Japón pintó un carro viejo de tricolor y se puso al volante con otras 10 personas dentro. Todo por el fútbol, todo por los ticos. Y eso que el freno de mano se rompió y usaban un pedazo de madera. Pero Keylor tuvo que madurar rápido y no había tiempo para chiquilladas. Un futuro lleno de éxito le esperaba, lo podía tocar, pero necesitaba trabajar duro, entrenarse a fondo y luchar por perseguir su sueño.

Todo aquello mereció la pena y  se plantó en Madrid con su mujer Andrea, a la que conoció en un grupo de estudio para la Biblia, y la hija de esta, Daniela. La pareja tiene otro hijo, Mateo, de pocos meses. Orgullosas de Keylor, disfrutaron de la presentación con sus caras llenas de alegría. Como lo harían sus abuelos en San Isidro, su tío Steven, su entrenador Juan De Dios y sobre todo su mamá Sandra, que no pudo viajar por trabajo. Todos ellos saben lo duro que trabajó su chiquito para ponerse el escudo del Real Madrid en el pecho. Aquel niño de Pérez Zeledón que mejengueaba en canchas de barrio pisó a el césped del Santiago Bernabéu como el mayor símbolo de Costa Rica. Una historia de pura vida.

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