Portada » Destacados » Mamografía y ultrasonido: examen completo

Mamografía y ultrasonido: examen completo

Rosita Argüello Mora. PeriodistaRosita Argüello

mamografiaTuve la oportunidad de visitar a mi ginecólogo y me pidió que me realizara para la próxima cita no solo la mamografía sino también el ultrasonido de mamas, yo me asusté mucho y le pregunté si es que pasaba algo y con la más cálida y grata seguridad me explicó la razón de los dos exámenes, la cual me permito tratar de transmitir.

La mamografía es un tipo específico de toma de imágenes de los senos que utiliza rayos X de baja dosis para detectar en forma temprana el cáncer (antes de que la mujer presente síntomas) cuando es más tratable.

El ultrasonido de seno es un procedimiento no invasivo (no se perfora la piel) que se utiliza para evaluar los senos. La tecnología de ultrasonido permite la visualización rápida del tejido mamario. El ultrasonido también se puede utilizar para evaluar el flujo sanguíneo a las zonas dentro de los senos.

Antes que todo debemos tener claro que ambos métodos tienen ventajas y desventajas e idealmente deberíamos aprovechar las cosas positivas de cada método y usar ambos hasta donde sea posible, en la búsqueda de alguna enfermedad que afecte alguna de las glándulas mamarias, esto no siempre es factible en lugares como hospitales del sector salud (IMSS, ISSSTE etc), en donde lo importante es la cantidad de pacientes vistos dejando de lado la calidad; lo importante en estos lugares es dar buenos números a los superiores para justificar puestos y presupuestos. Pero volviendo al punto, utilizaremos uno o ambos métodos, según lo que estemos buscando, por ejemplo:

Si queremos buscar un cáncer incipiente (temprano) en mama, lo indicado es una mamografía, aquí el ultrasonido no tiene utilidad.

Si la paciente se toca una “bolita” y es menor de 35 años lo indicado es un ultrasonido, porque el ultrasonido nos dirá si es sólida o quística, dato de capital importancia ya que estás últimas prácticamente todas son benignas, y las sólidas en su mayoría.

Si la paciente está por arriba de los 35 años entra en “la zona de riesgo” y descubrir una “bolita” sólida aumenta la posibilidad de malignidad, que en una mujer por debajo de esta edad, en este caso es crítico saber si la lesión es sólida o quística aquí la mamografía no es útil, sino el ultrasonido.

En una paciente joven (de 35 para abajo) la mamografía no es el estudio de elección porque en primer lugar no es conveniente empezar a radiar una mama en edades tempranas y en segundo porque este tipo de pacientes por su misma juventud tiene una mama muy densa observándose a la mamografía solo “plasta” blanca de tejido que puede ocultar algún dato en su interior, y entonces tendremos que recurrir al ultrasonido para ver esa zona “ciega”.

Uno de los ejemplos más frecuentes de cómo ambos métodos sumados tiene un mejor beneficio, es el de pacientes que a la mamografía, no revela ningún dato de cáncer precoz, y no vemos alguna nodulación especial, pero le realizamos el ultrasonido y se observan quistes o fibroadenomas (sólidos y no cancerosos), ambos benignos, entonces lo que aquí se logra es descartar un cáncer y documentar un proceso benigno.

En conclusión, ningún estudio es mejor que otro, juntos suman los beneficios de cada uno y usarlos aisladamente aumentan la posibilidad de que se escape un diagnóstico.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *