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Margarita está linda la mar…

Poema de Rubén Darío. Nicaragüense

Rubén-DaríoLa joven Margarita Debayle  verdaderamente existió y contaba mi maestra que el padre de la niña y el poeta eran amigos que una vez lo invitó a la casa que tenían en la playa, entonces Margarita le pidió  que le hiciera un poema y así fue como don Rubén allí mismo compuso  esta bella poesía.

Margarita fue hija del Doctor Louis Henri DeBayle, un importante médico nicaragüense que estudió en París (Francia) que y regresó a Nicaragua con una máquina de rayos X, la que le permitió hacer diagnósticos certeros.

Su madre fue Casimira Sacasa Sacasa de Debayle, hija del entonces presidente de Nicaragua Roberto Sacasa y Sarria y hermana del posterior presidente Juan Bautista Sacasa.

Por línea materna, Margarita provenía de una de las familias más distinguidas e importantes a nivel político del país, además que estaba ligada con lazos familiares con la mayoría de las familias de la rancia aristocracia de León, la segunda ciudad importante de Nicaragua después de Managua, la capital.

Margarita y su hermana mayor, Salvadora Debayle, fueron enviadas a Bélgica a estudiar. En 1914, al estallar la Primera Guerra Mundial, las dos hermanas fueron trasladadas a Londres (Reino Unido) y posteriormente a Filadelfia, Pensilvania (Estados Unidos) al Beechwood School, Jenkintown.

Margarita concluyó sus estudios en Boston. Por cierto, fue en Beechwood College que su hermana Salvadora fue cortejada por el posteriormente presidente y fundador de la dinastía Somoza, Anastasio Somoza García, quien se convirtió en su marido.

Margarita se casó con su pariente Noël Ernesto Pallais con quien tuvo tres hijos: Noël, Luis y María de Lourdes Pallais DeBayle. Vivió la mayor parte de su vida en su Nicaragua natal, a excepción de un relativamente corto periodo en Perú, donde su esposo fue nombrado embajador entre mediados y finales de la década de 1940.

Regreso a su país al deceso de su esposo, y permaneció en Nicaragua hasta un mes antes del triunfo de la Revolución Sandinista el 18 de julio 1979, que expulsó del poder a su sobrino Anastasio Somoza DeBayle, hijo de su hermana Salvadora. Margarita se trasladó por un corto periodo a Miami y finalmente emprendió su regreso a Lima, donde vivía desde muchos años atrás su hija menor, María de Lourdes, casada a su vez con un ciudadano peruano, y donde murió en 1983.

Margarita fue una mujer singular, que llevó tatuado el honor de haber sido la inspiración del poema que Darío le escribiera siendo apenas una niña, poema que hasta el día de hoy las madres leen a sus hijos en la península Ibérica y en América Latina. El escritor mexicano Carlos Fuentes le pidió al también escritor Sergio Ramírez que titulara “Margarita está linda la mar”, novela que le ganó el primer Premio Alfaguara en 1998.1

En mayo de 2010, sus cenizas fueron depositadas en la Catedral de León, Nicaragua, cerca de la tumba de Rubén Darío y la de sus padres.

Margarita Debayle de Pallais fue abuela de la periodista y escritora María Lourdes Pallais, del experto internacional de la papa, Noel Pallais, y del joven Marcel Pallais, asesinado a los 24 años de edad, al año siguiente del triunfo de la revolución nicaragüense.

Margarita está linda la mar…

Margarita está linda la mar, y el viento,

lleva esencia sutil de azahar; yo siento,

en el alma una alondra cantar; tu acento.

 Margarita, te voy a contar un cuento:

Esto era un rey que tenía un palacio de diamantes,

una tienda hecha de día y un rebaño de elefantes,

un kiosko de malaquita, un gran manto de tisú,

y una gentil princesita, tan bonita, Margarita,

tan bonita, como tú.

Una tarde, la princesa vio una estrella aparecer;

la princesa era traviesa y la quiso ir a coger.

La quería para hacerla decorar un prendedor,

con un verso y una perla y una pluma y una flor.

Las princesas primorosas se parecen mucho a ti:

cortan lirios, cortan rosas, cortan astros. Son así.

Pues se fue la niña bella, bajo el cielo y sobre el mar,

a cortar la blanca estrella que la hacía suspirar.

Y siguió camino arriba, por la luna y más allá;

más lo malo es que ella iba sin permiso de papá.

Cuando estuvo ya de vuelta de los parques del Señor,

se miraba toda envuelta en un dulce resplandor.

Y el rey dijo: —«¿Qué te has hecho?

te he buscado y no te hallé; y ¿qué tienes en el pecho

que encendido se te ve?».

La princesa no mentía. Y así, dijo la verdad:

—«Fui a cortar la estrella mía a la azul inmensidad».

Y el rey clama: —«¿No te he dicho que el azul no hay que cortar?.

¡Qué locura!, ¡Qué capricho!… El Señor se va a enojar».

Y ella dice: —«No hubo intento; yo me fui no sé por qué.

Por las olas por el viento  fui a la estrella y la corté».

Y el papá dice enojado: —«Un castigo has de tener:

vuelve al cielo y lo robado  vas ahora a devolver».

La princesa se entristece  por su dulce flor de luz,

cuando entonces aparece sonriendo el Buen Jesús.

Y así dice: —«En mis campiñas esa rosa le ofrecí;

son mis flores de las niñas que al soñar piensan en mí».

Viste el rey pompas brillantes, y luego hace desfilar

cuatrocientos elefantes a la orilla de la mar.

La princesita está bella, pues ya tiene el prendedor

en que lucen, con la estrella, verso, perla, pluma y flor.

Margarita, está linda la mar, y el viento

lleva esencia sutil de azahar: tu aliento.

Ya que lejos de mí vas a estar, guarda, niña,

un gentil pensamiento al que un día

te quiso contar un cuento.

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