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Mercando leña.

De Aquileo J. Echeverría

No había un quince de setiembre en que Mercando Leña compuesta por nuestro escritos, periodista y político costarricense Aquileo J. Echeverría, quien nació en San José, Costa Rica el 22 de marzo de 1866. Fue bautizado con el nombre de Adolfo Dolores Aquileo de la Trinidad Echeverría Zeledón. Sus padres fueron Aquileo Echeverría y Trinidad Zeledón. El 1 de septiembre de 1885 se casó en Heredia con María Dolores Flores Zamora.

Aquileo J. Echeverría ZeledónParticipó en la campaña militar contra el Presidente Justo Rufino Barrios de Guatemala, quien pretendía restablecer la unión centroamericana. Al finalizar la campaña se estableció en Nicaragua, al servicio del Presidente Adán Cárdenas del Castillo. Fue en ese país donde conoció y entabló amistad con el poeta Rubén Darío, quien posteriormente escribiría: “… y Costa Rica tiene un poeta, es verdad, otros poetas, pero SU poeta, el poeta nacional, el poeta familiar se llama Aquileo J. Echeverría”.

De regreso en Costa Rica fungió como periodista en varios periódicos y revistas, entre los que destacan La República, El comercio, Costa Rica Ilustrada, La Patria, El periódico, entre otros.

Fungió como Agregado de la Embajada de Costa Rica en Washington, Estados Unidos, donde participó en la firma del Tratado Cañas-Jerez el cual definió los límites fronterizos entre Costa Rica y Nicaragua en 1858.

En el año 1889 colaboró con Rubén Darío en el periódico La Unión en El Salvador, posteriormente colabora con el periódico Guatemala Ilustrada.

Regresa a Costa Rica en 1893, donde continúa ejerciendo el periodismo, posteriormente trabaja en la Biblioteca Pública de la ciudad de Heredia, donde se traslada a vivir y establece una Pulpería. En lo económico las cosas no anduvieron nada bien, porque Aquileo no era comerciante pero el trato directo con sus clientes campesinos le proporciono al pulpero, que si era escritor, un material folclórico invaluable que supo aprovechar de maravilla para crear sus famosas Concherías, consideradas hoy como un tesoro en las letras nacionales.

Y aquí les dejo: Mercando Leña.

-¡Hola, ñor José María!

Traiga la leña pa vela.

¿Cuánto cobra?

-Cinco pesos.

-¡Ave María gracia plena!

¡Los tres dulcísimos nombres!

-Deje la jesuseadera;

yo pido lo que yo quiero

y usté ofrece lo que ofrezca,

que usté manija su plata

y yo manijo mi leña,

y no hemos de disgustalos

por cuestiones de pesetas.mercando leña

Eso sí, quiero decile

que repare en la carreta,

y que espí si está cargada

con concencia o sin concencia.

Si le cabe un palo más

me lo raja en la cabeza.

Yo soy un hombre legal,

feo decilo; pero vea,

a yo naide me’ azariao

hasta l’hora por mi leña.

Esta es quizarrá amarillo,

laurel y madera negra:

de jierro pa consumise,concherias

y pa prendese de yesca.

Con una leñita asina

se lucen las cocineras.

-Sí, pero está muy menuda;

tres pesos le doy por ella.

-Por cuatro se la vaceo.

-Si quiere los tres, vacéla.

-Se la pongo en tres con seis,

nada más que pa que vea

que yo si quiero tratar.

-No mejoro la propuesta.

Acuérdese qu’es verano

y que anda dunda la leña.

¿Sabe en cuánto compró dos

carretadas ña Manuela,

la mujer que vive allí

onde está echada la perra?

¡En cinco pesos!

-¡Caramba!,

de fijo que era de cerca.

¿Tal vez jocote o güitite?

-¡Qué va pa güitite!…Buena:

joaquiñiquil y targúa…

-Puede ser que asina sea.

Mas volviendo a nuestro trato

se la largo en tres cuarenta.

-Los tres pesos que le dije.

-Arrímeles la peseta

y tratamos.

-Ni un centavo.

-¿Dónde le boto la leña?

-¡Abrite el portón, Jacinta!

-¡Está con llave, ña Chepa!

-Aspérese, voy’ abrile.

-¡Gui! ¡Güey viejo sinvergüenza!

¡Confisgao tan pachorrudo!

Gui, gui. ¡Jesa, jesa, jesa!

-Entrela en brazaos pequeños

pa librar la chayotera.

Coja por este zaguán

y di’ahi cruza a la derecha,

y en el rincón de l’esquina

me l’acomoda en estebas

de modo que deje paso

al común.

-¿Sí? ¿De deveras?

¿Con que quiere de remache

que le meta yo la leña

y que di’ahi se la acomode,

y que ha de ser de manera

que dé paso a la letrina?

Dígame, señora Chepa:

¿no le gusta más pelada

y olorosa a yerbagüena,

y con lazos en las puntas,

y aspergiada de canela,

y que además le regale

como a modo de una feria,

el chonete, los güeycillos,

los calzones, la carreta,

y este chuzo, y esta faja,

y’a la zonta de mi agüela?

-¡Qué hombrecillo tan malcriado!

¡Cargue de pronto con su leña!…

-¡No! ¡Si la voy a dejar

pa que la queme de muestra!…

¡Que me alce el Patas el día

que güelva a tratar con viejas!

Una respuesta para Mercando leña.

  1. Cruz Aurora Carvajal Solano Responder

    26 octubre, 2014 en 6:47 PM

    Es para nosotros un orgullo haber contado con todos estas personas que dejaron una huella para la historia. Nosotros, los que apreciamos la historia nos gustó conocer los escritos de personas como De Aquileo J. Echeverría, tal como “Mercando Leña” uno de los que más me hace sentir costarricense.

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