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Norcoreanos, testigos de torturas y ejecuciones en campos prisioneros

Por Dirk Godder (dpa)

Shin Dong Hyuk nació en un campamento de prisioneros de Corea del Norte. Con 23 años consiguió huir del lugar, después de vivir experiencias atroces, que relató a un comité de la ONU.

Shin Dong HyukCon cinco años fue testigo de la primera ejecución. Cuando todavía no era mayor de edad, tuvo que presenciar la muerte en la horca de su madre y la ejecución de su hermano mayor.

Él mismo fue torturado varias veces y el hambre era una vivencia diaria, lo que lo llevó a comer ratones vivos, relató el hombre, quien en la actualidad tiene 30 años, sin casi expresar emociones, sobre su vida en un campo de castigos norcoreano.

Sin embargo, en su interior no encuentra paz. Los acontecimientos que vivió no lo dejan, dijo. Si bien no quiere pensar en las atrocidades que vio y vivió, en sus sueños vuelven una y otra vez. “Lo intento, pero es duro”, indicó. El dolor mental no cede.

Shin es conocido como el único norcoreano que consiguió huir de un campo para presos políticos en el país estalinista.

Eso ocurrió en el invierno (boreal) de 2005, cuando tenía 23 años. Debido a que es el hijo de dos prisioneros, el mundo exterior no existía para él, relató Shin, quien actualmente vive en Seúl, adonde arribó tras pasar por China.

Desde temprano le fue inculcado que era un criminal. “Nací como un criminal y moriré también como tal”.

Las terribles experiencias de Shin básicamente no arrojan nueva luz a las condiciones en los campos de castigo norcoreanos. Gran cantidad de refugiados relataron vivencias similares.

Pero recientemente, Shin fue convocado como testigo por una comisión de la ONU, que tiene un mandato de un año para investigar las violaciones de los derechos humanos en Corea del Norte.Shin Dong Hyuk2

Es la primera vez que para ello se forma una comisión de Naciones Unidas, que escuchará los testimonios de refugiados norcoreanos así como de expertos del país comunista.

El régimen en Pyongyang, que rechaza todas las acusaciones de graves violaciones de los derechos humanos, se negó a colaborar con la comisión. La organización Amnistía Internacional habla de una “horrible situación de derechos humanos”, con millones de personas que pasan hambre y cerca de 200.000 presos políticos.

La vida de Shin es conocida también más allá de Corea del Sur gracias a su biografía y al documental “Camp 14: Total Control Zone”, del director alemán Marc Wiese.

“Camp 14” es el campamento en el que Shin nació a comienzos de la década de 1980. Se trata de un mundo rodeado de alambres de púas en medio de un país aislado.

Shin estima la cifra de prisioneros cuando él se encontraba allí en entre 20.000 y 30.000. El lugar se encuentra a unos 80 kilómetros al norte de Pyongyang.

Allí hay minas de carbón, fábricas y establecimientos agrícolas. Si bien los niños que nacen en los campos de prisioneros reciben educación escolar, desde edades tempranas son obligados a trabajar.

Tenía alrededor de siete años cuando una niña de su clase fue golpeada hasta la muerte por su maestro, relató Shin. Su delito: tenía un par de granos de trigo en su cartera.

“A mis padres les decía papá y mamá”, indicó el norcoreano, pero en realidad nunca tuvo un concepto real de lo que significa familia. “Ellos eran prisioneros”.

Sólo así se pueden explicar los acontecimientos de 1996, relatados por Shin. Escuchó una conversación entre su madre y su hermano sobre presuntos planes de fuga. Él le contó esto a los guardias. “A mi edad estaba entonces orgulloso de ello”, dijo.

Una de las reglas en los campos de prisioneros era informar sobre los planes de escape, indicó. Su madre y su hermano fueron buscados al día siguiente. Él mismo fue torturado posteriormente en su celda, durante “tres o cuatro días”.

“Creo que no había un motivo especial para eso”, según Shin.

“¿Podría haber habido algún motivo para dudar de lo que había contado?”, preguntó Darusman Marzuki, miembro del comité.

Shin respondió que fue calificado como traidor. “Pero sólo puedo relatar la historia de mi vida”, explicó.

El régimen norcoreano sigue cometiendo crueldades. “Debemos poner freno a ello”, indicó.

 

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