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Papa Francisco: “Hice lo que quise en Río”

Por Ana María Pomi (dpa)

El papa Francisco “provocó”  al alcalde de Río de Janeiro, Eduardo Paes, al constatar en tono de broma que “hizo lo que quiso” en la capital fluminense, a la cual convocó a más de tres millones de personas durante la Jornada Mundial de la Juventud, que terminó hace pocos días.

jornada mundial 2013“Vio, hice lo que quise en Río”, dijo el papa a Paes, quien en la recepción oficial, el pasado lunes, al entregarle en forma simbólica las llaves de la ciudad, le dijo, precisamente, “está en su casa, haga lo que quiera”.

Así lo relató con mucho humor el portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, quien, confesó, no deja de sorprenderse gratamente por el Jorge Mario Bergoglio que descubre, “dentro” del papa Francisco, ahora que el ex arzobispo de Buenos Aires está en su Sudamérica natal, “su casa”.

El papa Francisco hizo, efectivamente, lo que quiso en Río: incluyó eventos no previstos en la programación; desdeñó criterios de seguridad, se salió del “libreto” en casi todos los pronunciamientos y rompió el protocolo todo lo que pudo.

Ya desde su llegada complicó a sus guardaespaldas al insistir en permanecer con las ventanillas bajas aun cuando el vehículo en el que iba, un coche que no quiso que fuera blindado, quedó en medio a un atasco, “encerrado” entre una fila de casi una decena de autobuses y una multitud enardecida que casi se le mete dentro del automóvil para tocarlo.

Asimismo, en cada “baño de masas” que se dio durante su estancia en Brasil Francisco hizo parar el papamóvil varias veces para que la gente se le acercara o al menos tuviera tiempo de recibir su bendición y fotografiarlo.

En un gesto repetido decenas de veces, que hizo recordar a más de uno el “Dejad que los niños vengan a mí y no se los impidáis”, citado por el apóstol Mateo, Francisco besó en la frente y bendijo a todos los niños y bebés que sus padres “entregaban” a los guardaespaldas, para que éstos, a su vez, los llevaran a brazos de Francisco.

En esas “peregrinaciones” entre multitudes, Francisco se bajó algunas veces del vehículo, ya fuera para saludar a un grupo de personas en sillas de ruedas, para bendecir a una beba que nació sin cerebro o para simplemente saludar “mano a mano” a los fieles.

Recién llegado a Río, el papa se enteró de que había cerca de 30.000 fieles argentinos participando de la Jornada Mundial y quiso encontrarse con ellos.

Los organizadores salieron entonces, contrarreloj, a encontrar un lugar adecuado, a preparar el operativo de seguridad para los traslados pertinentes, a organizar el esquema de tránsito durante el evento.

Tras los desvelos inevitables de los organizadores, el encuentro acabó ocurriendo en la Catedral Metropolitana de Río, con 5.000 compatriotas suyos dentro del templo, y cerca de 25.000 afuera.Papa Francisco en Río

También se salió del libreto cada vez que pudo en sus homilías y discursos, añadiéndole a su plática de por sí amena sendas improvisaciones plagadas de lunfardo, modismos y “jergas” populares con las que cautivó al público que llegó a Río para verlo proveniente de todas partes del mundo.

Las “rebeldías” del papa que instó a los jóvenes a “armar lío” en la Iglesia lo acercaron a los fieles durante su primer viaje internacional desde que asumió el pontificado.

Tanto es así, que el arzobispo de Río, Orami Tempesta, dijo hoy al despedir a “la figura del hombre de sotana blanca”:

“Quedará marcada para siempre la presencia del padre y pastor junto a la juventud del mundo, y su retorno a América Latina como primer papa latinoamericano. Sentimos que el lunes (cuando Francisco ya no esté) faltará alguien muy cercano a nosotros”.

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