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Carlsen llena de esperanza el mundo del ajedrez

   Por Christian Hollmann y Julia Wäschenbach (dpa)

magnus-carlsen   Es joven, sexy, hace de modelo, tiene 22 años y es el mejor del mundo en su sector: el noruego Magnus Carlsen llenó de esperanzas al ajedrez, un deporte a la sombra del resto de modalidades.

“El comienzo de una nueva era”, titularon hace varios días algunos medios en India, donde Carlsen arrebató el viernes 22 de noviembre la corona mundial al local Viswanathan Anand.

El ajedrez se frota las manos con su nuevo joven maestro, pero el propio Carlsen se resiste a ser el centro de atención. El noruego apenas celebró su título: se dio un baño en la piscina y luego se fue a su habitación del hotel para pasar la noche jugando al poker.

Muchos analistas coinciden  en que Carlsen puede sacar al ajedrez del pozo donde vive para darle un aire nuevo y fresco. Esa es la visión de los más optimistas, que depositan en el niño prodigio de Oslo, conocido como el “Mozart” del ajedrez, todas sus esperanzas.

“Lo primero estoy feliz por haber ganado. Vamos a dejar para más adelante lo de escribir los libros de historia”, dijo Carlsen después de vencer a Anand.

El nuevo campeón permitió que la imaginación de muchos volara con su tremenda escalada a la cima: a los 13 años ya era un gran maestro internacional y desde hace cuatro lidera el ranking internacional de la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE).

En febrero de 2013 llegó a la cifra de 2.872 puntos ELO, un límite que ningún otro ajedrecista alcanzó. La clasificación ELO describe la fuerza de un jugador y su verdadera habilidad.

Como embajador de una conocida marca de ropa, Carlsen fue comparado incluso con el futbolista inglés David Beckham o con el cantante Justin Bieber.

El periódico noruego “Verdens Gang” calificó al nuevo héroe nacional como el ajedrecista con más “sexappeal” del mundo después de su título mundial, mientras que la revista “Time Magazin” le colocó en abril en las lista de las 100 personalidades más influyentes del mundo.

Pero Carlsen no se siente cómodo con tanta fama. “Tal vez deje de jugar al ajedrez y me dedique a ser sólo una celebridad”, bromeó el noruego.

Sólo Carlsen puede decidir si lleva al ajedrez a una nueva era, si consigue que su deporte salga del nicho donde duerme y se convierta en un deporte popular. El noruego, al menos, tiene detrás suyo el apoyo de todo su país.

“Toda Noruega quedó fascinada delante del televisor siguiendo la final del Mundial”, dijo la primera ministra noruega, Erna Solberg, cuyo país está lejos de ser una potencia en el deporte.

Si el impresionante triunfo de Carlsen consigue realmente ser el comienzo de una nueva en el ajedrez, al maestro noruego le quedará de ahora en adelante muy poco tiempo para pasar las noches en vela jugando al poker.

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