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Cuando Dios llama a la puerta…

Guiselle Rivera CalderónArtículo escrito por la poetisa y educadora costarricense H. Guiselle Rivera Calderón

 

Los seres humanos tenemos   los privilegios mas grandes de la creación natural, al ser los animales que poseemos por naturaleza  dones como el habla, el entendimiento, el raciocinio y la  habilidad de generar y  de ser parte de la relación con DIOS en el  mas sublime de todos los lenguajes.

puertaEn el apresurado vivir cotidiano, a veces nos pasamos la vida sin valorar las cosas trascendentes de la existencia, y entre los bullicios del entorno dejamos de escuchar el idioma en el que Dios permanentemente nos habla, y nos invita al encuentro con la fe, al  reconocimiento de  su misericordia, a la vivencia de su amor.

A menudo nos gastamos la vida construyendo proyectos, edificando sueños materiales, alcanzando metas intelectuales, económicas o familiares, que siendo administradas con objetividad, forman parte del proyecto de vida con el cual intentamos alcanzar la felicidad.

Por lo general invertimos nuestras energías bien o mal, en la búsqueda de esos objetivos y nos desgastamos en el estudio, en el trabajo, en las luchas de desarrollo personal, a veces a una velocidad que no nos permite ni el mínimo disfrute de lo alcanzado y que por ende esta muy lejos de llevarnos a la felicidad que podríamos encontrar al aprender a disfrutar el ascenso mientras se alcanza la meta.

Mas solamente cuando ponemos a Dios alrededor de todas esas acciones, actividades y esfuerzos, es cuando  realmente llegamos a conocer el equilibrio y la paz verdadera que nos permiten poco a poco tener una vida llena de plenitud y de gracia.

Asi nuestra amada Joselyn  quien es parte esencial en nuestra familia, de tan solo 24 años, decidió hace  cerca de dos años, ser Dios llamaparte del convento de Misioneras Clarisas y consagrar su vida a un Ministerio, pero  mi capacidad no  fue suficiente para imaginar al menos, el camino que le esperaba en adelante a una joven cuyo nivel de espiritualidad  superó las expectativas comunes y le comprometió, no solamente a poner a Dios como centro de sus metas sino mas bien, a  colocarlo como fin último y primero de su proyecto de vida.

Su camino  es complejo pero sublime en esa entrega a su amor infinito,  y  grande  su capacidad para tomar la decisión de consagrar su vida al servicio de lo espiritual, a comprometerse de forma  permanente a  trabajar  por el alcance  de la fe,  donde la tarea central es servir al prójimo, educar comunidades y evangelizar el mundo.

Estos  son los proyectos que la mayoría  de jóvenes de hoy NO asumen, por ser tareas que Dios pone siempre  en manos   de personas privilegiadas y escogidas serenamente por la mano del Creador, esta es la diferencia entre lo que se aporta cuando la vida no tiene un sentido espiritual y lo que se es capaz de entregar Cuando Dios llama a la puerta… 

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