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Documental “Mitt” causa furor en Estados Unidos

 Por Marco Mierke (dpa)

Ya desde la primera escena Mitt Romney aparece en su peor momento. Tras haber luchado seis largos años por conquistar la presidencia de Estados Unidos, se lo ve en la noche electoral del 6 de noviembre de 2012 sentado en la habitación de un hotel de Boston escuchando cómo el sueño de su vida se derrumba.

Mitt RomneyLa derrota contra su rival en las urnas, Barack Obama, lo deja atónito. “¿Qué se dice en un discurso de perdedor?”, pregunta a la familia reunida mientras tipea frustrado algunas palabras en el iPad y ríe, nervioso. Nadie responde, el ambiente es catastrofista. Y la cámara lo graba todo, inclemente.

El documental “MITT” ofrece una mirada única, entre bastidores, de este hombre que estuvo a punto de ser presidente de Estados Unidos. Desde 2006, el cineasta Greg Whiteley acompañó al multimillonario republicano en sus dos intentos de llegar a la casa Casa Blanca, en los que estuvo increíblemente cerca.

Los estadounidenses ya pueden ver desde este fin de semana el documental en la plataforma Netflix, que avanza en el mercado de la televisión con producciones propias. Con esta película sobre Romney, la plataforma logra apuntarse otro gran éxito exclusivo.

Las imágenes muestran a un Romney que la opinión pública no conocía. El político tenía fama de aburrido, adinerado, insensible y oportunista, pero en los 90 minutos de “MITT”, se lo ve como un padre de familia cariñoso, con sentido del humor, humilde y temeroso de dios.

Lleva unos guantes de invierno agujereados que ha arreglado con cinta adhesiva. Come pasta con un tenedor de plástico y una hora antes de mantener su primer debate televisivo contra Obama tira la basura que han hecho sus nietos. E incluso, para diversión de los espectadores, se plancha la camisa que lleva puesta. “¡Ay, ay!”, dice mientras lo hace.

Apenas hay rastro de ese Romney agresivo o malhumorado. ¿Es un documental realista? El republicano hizo millones desarticulando empresas y se abrió paso en el partido hasta llegar a las filas más altas, algo que seguramente no fue posible sin dar sus buenos codazos. Pero en “MITT” se ve poco y nada del macho alfa.

Las escenas más impactantes son las que muestran a un hombre lleno de dudas. Tras la derrota de 2008, llega resignado a la conclusión de que su problema es que la marca Romney ya no da para más. Para los medios, dice, él es el “mormón veleidoso”. Su mujer Ann, agotada por la campaña, sepulta las ambiciones de su marido. “Yo esto no lo vuelvo a hacer otra vez”.

Sin embargo, en 2012 el político decide volver a salir al ring. Sigue pareciendo nervioso, pero también convencido de que su lugar mitt-romney2está en la Casa Blanca. Como si estuviese predestinado a ese puesto. Pero finalmente parece ser víctima de las palabras que él mismo pronunció al inicio de su candidatura: quien pierda las elecciones presidenciales, será “un perdedor toda la vida”.

El documental podría despertar compasión en el espectador, pero no lo logra porque es muy superficial. No transmite prácticamente nada sobre el político, sino que más bien es una acumulación de escenas de Romney con sus hijos, sus nueras, sus nietos y su mujer. Los asesores del candidato prohibieron que Whiteley, también mormón, filmara durante conversaciones estratégicas.

Pero, aunque el político en general salga bien parado, el núcleo de la película es revelador: Romney parece no haber entendido a los votantes durante los seis años de odiseas. Habla casi exclusivamente de que quiere ayudar a las medianas empresas, que pagan demasiados impuestos, pero parece perder de vista que los problemas de la mayor parte de los ciudadanos son otros.

La noche electoral deja finalmente en claro que vive en una isla que tiene pocos puntos de contacto con la realidad. Respaldado por las cifras de algunas encuestas, se muestra seguro de la victoria ante Obama. Pero, ¿acaso no recuerda que semanas antes circuló un video en el que decía que un 47 por ciento de los votantes eran parásitos sociales ingobernables?

Llevaré el país a “nuevas dimensiones del bienestar”, escribió para el discurso que pronunciaría si ganaba los comicios. Pero ese texto ya no saldrá del cajón. “Gente, mi hora sobre el escenario ya ha pasado”. Es una de las últimas frases que dice en la filmación.

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