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Fawzia Koofi, la madre que quiere presidir Afganistán

Por Thomas Castroviejo | Gaceta trotamundos 

La nota iba dirigida a sus hijas: “Hoy me voy a hacer asuntos políticos a Falzabad y Darwaz. Espero volver pronto y volver a veros, pero he de decir que a lo mejor no lo hago”, avisaba. Y continuaba con una serie de consejos para que las niñas salieran adelante: “Primero, no me olvidéis”. “Terminad la escuela, sed independientes, quedaos con vuestra tía, viajad por el mundo, exploradlo, sed valientes”. “Intentad hacer de vuestro país un lugar mejor”. “Todos los seres humanos morimos un día. A lo mejor hoy es el mío. Pero si lo es, recordad que fue por un motivo”. Los agentes encargados de proteger a la madre habían recibido un mensaje de que los talibanes habían puesto una bomba en su coche. Decidió ir de todas formas. Volvió sana y salva.

Fawzia_KoofiFawzia Koofi no iba a hacer nada que no estuviera incluido en su trabajo el día que escribió esa nota. Pero sabe que tiene que estar preparada: ya tuvo la suerte de sobrevivir, en 2010, a un tiroteo entre la gente que empezó a disparar contra su convoy y sus agentes de seguridad. Sus hijas iban en los vehículos.

Entonces Shuhra y Shaharzad eran demasiado pequeñas para entender lo excepcional que es su madre: la primera mujer en haber sido elegida parlamentaria en Afganistán, la que ahora quiere presentarse a las elecciones presidenciales de 2014. Quiere ampliar el espectro de los derechos humanos en su país, con especial énfasis en la igualdad entre hombres y mujeres, y esto conlleva un riesgo. “La vida de una mujer en Afganistán es dura; la vida de una madre que está sola con sus hijas y es política es dura”, confiesa. “Me abruma unas diez veces al día”.

No es que Fawzia no sea fuerte. Su vida está llena de episodios que la han enfrentado contra las circunstancias. Nada más nacer, en la remota provincia afgana de Badakhshan en 1975, sus padres la dejaron abandonada al sol varias horas, con la esperanza de que muriera. Ya tenían 19 hijos, querían un varón, y además, su padre acababa de casarse con una nueva esposa de 14 años y su madre estaba deprimida. Al final, alguien anónimo la llevó al interior de su casa, donde su madre aceptó amarla por el resto de sus días.

A los 11 años se mudaron a Kabul, donde Fawzia conoció la sofisticación: mujeres maquilladas, con las uñas pintadas, había piscina, se hablaba de poesía… Todo esto lo veía de camino a las clases de inglés a las que acudía pese a las burlas de sus hermanos. Nadie diría por sus recuerdos que Afganistán estaba inmerso en una guerra civil y que Fawzia iba a clase entre explosiones en la lejanía. En 1989, los muyaidines se hicieron con el gobierno del país y todo cambió: Fawzia empezó a recibir presiones para llevar burka. Su hermano fue asesinado y jamás se supo por quién. Fawzia se casó, pero su hermano fue encarcelado por los talibanes poco después de la ceremonia solo para ser liberado y encarcelado de nuevo. Esto pasó varias veces hasta que murió de la tuberculosis que contrajo en prisión.

Fawzia_Koofi-306-306Entonces Fawzia no diferenciaba entre los talibanes y los muyaidines. “Para mí eran hombres con pistolas”, recuerda de su era universitaria. Pero al poco empezaron a arremeter contra las libertades de las mujeres, sugiriendo incluso que se pintaran las ventanas de las casas para que no se viera a las esposas desde la calle. Para cuando llegó el 11-S, Fawzia ya estaba metida en política.

Al principio, no iba a ningún lado sin su burka: inauguraba colegios, reunía fondos para vacunas… Hasta que un gobernador le pidió que se quitara la prenda para que se le viera la cara y poder así comunicarse mejor. Nunca más se lo volvió a poner. En 2005, dos años después de la intervención estadounidense, se ganó su entrada al Parlamento afgano. Desde entonces, Afganistán se parece un poquito más al Kabul idealizado que ella recuerda: entre los crímenes de honor y los castigos a los crímenes morales (huir del lecho conyugal, sexo fuera del matrimonio), empezaron a subir las tasas de alfabetización y escolarización de mujeres. Fawzia fue conociendo a las Secretarias de Estado de EE UU Condolezza Rice y Hillary Clinton y habló en el Foro Económico Mundial.

Ahora, pretende ganar las elecciones de 2014 (“nadie se presenta para perder”), ser la primera autoridad afgana y escuchar los problemas de su comunidad. Mientras tanto, tiene a sus hijas. “Cuando me siento sola, ellas rellenan el hueco”.

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