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Judía cuenta a estudiantes cómo vivió persecución

Por Marc Herwig (dpa) 

guerra   En voz baja y de la que mana serenidad, Liora Seewi relata episodios de los años más trágicos de su vida: cuenta el hambre que sufrió durante la Segunda Guerra Mundial, las noches de bombardeos que pasó en refugios antiaéreos de Alemania y las agresiones de los nazis contra su familia.

Los alumnos de la escuela de la ciudad alemana de Tubinga la escuchan atentos. “Entonces, yo tenía la misma edad que ustedes”, dice la superviviente del Holocausto, que ahora ha cumplido 88 años.

Los alumnos han oído hablar de la Segunda Guerra Mundial y de la persecución de los judíos a través de los libros de historia. Pero Seewi le pone rostro al pasado. Y eso es precisamente lo que le importa a esta mujer, pese a que en realidad prefiere no ser el centro de atención.

Sin embargo, ha viajado una y otra vez desde Jerusalén a Alemania para contar su historia. “Pronto no quedarán testigos”, señala.

Y en esta ocasión regreso para hablar en una escuela del sur del país con motivo del 75 aniversario, que se cumple este sábado, de la Noche de los Cristales Rotos, en la que estalló la violencia del régimen nacionalsocialista alemán contra la población de origen judío.

Seewi no relata los grandes sucesos de la historia mundial. Dice no haber visto las sinagogas en llamas y las vidrieras destrozadas de las tiendas judías, que dieron a los pogromos del 9 de noviembre de 1938 el nombre de Noche de los Cristales Rotos.

“Mi madre siempre quiso protegerme. La noche de los pogromos ni siquiera me dejó salir a la calle”, recuerda la anciana, que sí tiene muy presente las experiencias vividas en el día a día.

De joven le apasionaba nadar, cuenta a los alumnos reunidos. Y, de un día para otro, fue la única de la clase a la que le prohibieron que compartiera la piscina con los “arios”.

También recuerda que en la escuela, al dictarse la materia “Estudio de las Razas”, se trataron las características de los “subhumanos” judíos. “Ahí toda la clase se dio vuelta para mirar si yo también era así.”

Otro de los episodios rememorados lleva a los oyentes a una noche de bombardeos en la que ella corrió a un refugio antiaéreo y una de sus vecinas dijo: “¿Qué hace esta judía aquí?”. Seewi sobrevivió la persecución de los judíos, pero muchos de sus familiares fueron deportados y asesinados.

Las historias que rescata de aquel entonces también incluyen momentos en los que se sentía acompañada por otros. Recuerda a una panadera que “siempre nos daba algo, aunque nosotros, como judíos, hacía tiempo que no recibíamos tarjetas que nos dieran derecho a obtener comida”.

También cuenta que tenía compañeras de la escuela que pertenecían a familias nazis pero que siguieron siendo sus amigas.

Cuando Seewi termina el relato, la sala permanece en silencio. Luego todos estallan en aplausos. Uno de los alumnos se anima finalmente a hacer una pregunta: “La veo a usted, sentada allí, y diría que parece bastante feliz. ¿Cómo puede ser feliz si ha vivido semejante horror?”

Seewi sonríe. “Durante el nacionalsocialismo, además de todos las cosas horrendas, conocí a gente que tenía un gran coraje. Eso es lo que me mantuvo en pie”, asegura.

Los profesores de historia Herbert Brückmann y Ruben Siedner, que organizaron el viaje de Seewi a Alemania, están satisfechos. “Ver a una persona así impresiona a los alumnos”, comenta Brückmann. “Antes”, continúa, “uno podía mandar como tarea que los alumnos hablaran con sus abuelos, pero hoy en día en muchas familias ya no hay testigos de aquella época”.

El profesor lamenta ese paso del tiempo: “Pronto esta fuente tan importante ya no existirá”.

Ese es precisamente el motivo que lleva a Seewi a viajar y a hablar una y otra vez ante la gente joven. Pese a que no le guste estar en el centro de la atención, quiere narrar y dar testimonio de lo vivido, todo el tiempo que pueda.

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