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Resolución alterna de conflictos, III Parte.

Artículo escrito por Catalina Rivera Sanabria  

Abogada y notaria

 

Hemos visto ya que es la negociación, mediación como medios alternativos para resolver conflictos.

Como última entrega de este tema, veremos el último medio más común, se trata del arbitraje. Este es un medio heterocompositivo, ya que implica la participación de un tercero que, a diferencia de la mediación, tendrá en sus manos la decisión final del conflicto.

El arbitraje es un procedimiento por el cual, por acuerdo  entre las partes,  se somete un conflicto, a conocimiento de un tercero llamado árbitro,  o bien, a un tribunal de varios árbitros, que dicta una decisión sobre la controversia que es obligatoria para las partes. Esa decisión o resolución final emitida por el árbitro o tribunal arbitral se denomina “laudo” y tiene la misma validez legal que una sentencia judicial.

Al escoger el arbitraje, las partes optan por un procedimiento privado de solución de controversias en lugar de acudir ante los tribunales. Puede decirse que el arbitraje es como un juicio tal y como se lleva en los Tribunales de Justicia pero en sede privada.

Acudir a un arbitraje como medio para resolver conflictos es un derecho incluso tutelado en nuestra Constitución Política, artículo 43, el cual establece “toda persona tiene derecho a terminar sus diferencias patrimoniales por medio de árbitros, aun habiendo litigio pendiente”.

Muy importante recalcar que para que exista arbitraje debe de existir un acuerdo entre las partes, debe existir un documento escrito donde las partes indiquen que en caso de un conflicto se someterán a un arbitraje, esto se denomina cláusula arbitral.

Ahora bien, si las partes no han dispuesto en el contrato principal, o bien este no existe; no es una limitante para acogerse a un proceso arbitral. Simplemente las partes en el momento que surja la controversia y determinen de común acuerdo que escogen el Arbitraje como medio para resolver el conflicto que acontece, redactan el documento, firmado por las partes y pueden entonces dar pie a este proceso.

Existen varios tipos de arbitraje. Tenemos el  denominado “arbitraje institucional” que es aquel se desarrolla en un Centro de Arbitraje, cuya función es la de administrar el proceso, proveer los servicios necesarios para su realización, proporcionar a las partes una lista de Árbitros y establecer las reglas de procedimiento.

También está el “arbitraje independiente o ad hoc” que es aquel que se lleva a cabo sin la intervención de un Centro de Arbitraje, en donde son las partes quienes deben adoptar sus propias reglas de procedimiento.

Por otro lado está el “arbitraje de derecho”. Es en el que el árbitro debe resolver el conflicto razonando su decisión jurídicamente y aplicando estrictamente la norma jurídica aplicable al caso, hasta sus últimas consecuencias.

Este es el tipo de arbitraje que se aplica por defecto, es decir, a falta de otro acuerdo expreso de las partes en conflicto.

Si el arbitraje no es de derecho, puede ser un “arbitraje de equidad” que es aquel en el cual el árbitro resuelve el conflicto mediante un laudo que emite de conformidad con su más leal saber y entender según su sentido natural de lo justo. Este tipo de arbitraje da la posibilidad   que el árbitro pueda tener en cuenta circunstancias que le permitan moderar la aplicación estricta de la norma jurídica en busca de aquella solución que resulte más justa para el caso concreto atendidas dichas circunstancias. Ello no supone que la decisión arbitral pueda dictarse arbitrariamente y al margen del ordenamiento jurídico o de los contratos firmados que se dicte el laudo sin razonar y motivar la resolución.

¿Cuáles son las ventajas de someterse a un arbitraje?

En primer lugar, la rapidez. Las partes no tienen que esperar años para que su controversia sea resuelta. Uno de los principios del arbitraje es la celeridad, inclusive, los árbitros deben decidir en un plazo determinado.

En segundo lugar, la economía es otra de las características. Si bien es cierto las partes deben cancelar los honorarios a los árbitros y si se acogen a un arbitraje institucional, deben cancelar los costos de administración del proceso, el hecho de obtener una respuesta pronta a su controversia, y que se resuelve en una única instancia, le reduce notablemente los costos a las partes. Incluso debemos apuntar que en muchas ocasiones el estrés que genera la dilatación de un proceso en sede judicial nos produce enfermedades que  pueden ser evitadas con una solución rápida.

Una característica muy especial e importante del proceso de arbitraje es la profesionalidad especializada, ya que  los árbitros son especialistas en la materia objeto del litigio mientras que los jueces ordinarios ejercen en una pluralidad y diversidad de temas que les impide adquirir un grado de especialización en cada una de ellas. Las partes pueden solicitar los árbitros de acuerdo al tipo de controversia que tengan y valorar la idoneidad de ellos, cosa que no puede hacerse en vía judicial.

La confidencialidad es un tema muy importante para los seres humanos. No queremos que nuestros conflictos sean conocidos por terceras personas. En los procesos de arbitraje, sólo las partes y los abogados que participan en el proceso arbitral pueden tener acceso al expediente, cosa que no sucede en vía judicial, ya que cualquier abogado puede tener acceso al expediente.

Lamentablemente en vía judicial la inmediación no es posible. Lo que generalmente sucede es que el juez que inicia el proceso no es el mismo que da la sentencia final, ya que transcurre mucho tiempo entre esas etapas. Es decir, y aquí un elemento muy preocupante, el juez que conoce las pruebas, no es el mismo que eventualmente resuelva. Además, la mayoría de los procesos son escritos, por lo que no hay una relación directa de las partes con los jueces.

En el proceso arbitral, por la oralidad del proceso,  la relación de los árbitros con las partes es más directa y personal, igualmente sucede con los elementos probatorios. Los árbitros son los mismos durante todo el proceso por lo que el que inicia con el proceso, da la solución final, es el mismo que evacuó la prueba y estuvo todo el trayecto junto a las partes.

Al igual que en los proceso judiciales, la imparcialidad de los árbitros se debe mantener durante todo el proceso. Si alguno de los árbitros nombrados se ve impedido de conocer el proceso porque pone en peligro la imparcialidad, no puede formar parte del tribunal y debe solicitar  ser sustituido.

A través de estas tres entregas de Resolución de Conflictos hemos visto que existen medios alternos y adecuados para resolver controversias. Está en nuestras manos la decisión final de optar por ellos o acudir a medios que al final, puede que resuelvan el conflicto, pero no nos devuelven la paz.

Ahora podemos reflexionar sobre la frase de la primera parte de este tema: “La vida es así: puedes quejarte porque las zarzamoras tienen espinas, o puedes alegrarte de que esa zarza espinosa esté llena de deliciosas moras”;  lo que quiero que analicemos e interioricemos es que está en nosotros la manera de ver el conflicto, si lo vemos como una situación negativa, estresante, que termina rompiendo relaciones; o lo transformamos en una situación positiva, de aprendizaje y como una lección de vida que más bien tiende a fortalecer la paz social.

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