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Robin Williams: “Oh capitán, mi capitán”.

Ocean Castillo Loría.

Todos tenemos muchas máscaras, todos para salir al mundo, nos ponemos nuestra máscara, los actores y las actrices, aprovechan su capacidad de constantemente cambiar de máscara, para hacer de ello su trabajo.

La primera vez que vimos a Robin Williams en la pantalla grande, fue a mediados de los ochentas, la Sala Garbo (Sala de cine independiente en Costa Rica) trajo “Buenos Días Vietnam”, ya a Williams lo conocíamos como cómico en la serie de finales de los setentas (1978): “Mork y Mindy”, donde su personaje era un loco extraterrestre, la serie, nunca fue de nuestro gusto personal.

Robin Williams 2Sentados en la butaca, jamás nos imaginamos lo que nos íbamos a encontrar: la evolución que Robin le daba a su personaje (Adrian Cronauer), ese locutor del ejército de los Estados Unidos, que no seguía la línea oficial de apoyo a la guerra.

Cronauer era un rebelde con causa, un “loco” que se salía de los criterios tradicionales, empezando sus trasmisiones con el grito de: “Buenoooooooos díaaaaaaaas Vietnam”. Pero además, el personaje le permitía a Williams desarrollar sus capacidades cómicas.

Al terminar la película, la actuación de Williams nos había impactado, pasaba del drama a la comedia con gran facilidad… el pesado “Mork” había muerto… anotábamos para nosotros a Robin como uno de nuestros actores favoritos.

Esa misma rebeldía la vimos en “Patch Adams” (Donde también actúa el hace poco fallecido Phillip Seymour Hoffman), en aquella patchadamssecuencia ante el tribunal que iba a determinar la continuidad de Adams como estudiante de medicina, donde dice que podrán quitarle todo, menos el médico que hay dentro de él. El rostro del cómico, tornaba en la seriedad del drama: increíble e inspirador.

Pero para reconocer el talento de Williams no era necesario verlo, basta observar el genio de “Aladino”, para determinar como la voz y el genio del actor imprimía al otro “genio” (El personaje de dibujos animados) su verdadera  personalidad, guardando las distancias, algo semejante a lo que hizo el doblaje de Eugenio Derbez con el burro de “Shrek”.

Los actores y las actrices, aprovechan su capacidad de constantemente cambiar de máscara, para hacer de ello su trabajo…

Robin Williams demostraba a cada paso lo que era y hacia un actor y lo hizo claramente en la película “Mrs Doubtfire” (“Papá por siempre”), pasaba sin trastabillar de Daniel Hillard a la señora Doubtfire, sin rasgos  de un personaje en el otro, en efecto, eran dos personajes diferentes en manos de un solo actor, que actor, en manos de un gran actor.

Y de nuevo el rebelde, Hillard, el padre que se niega a desapegarse de sus hijos… un ejemplo que creemos impactó muchas audiencias, tomando en cuenta que, por ejemplo en América Latina, eso es cada vez menos común.

Una vez más, la comedia y el drama se unen, Williams tenía para ello, un complemento femenino excelente: la gran Sally Field como Miranda, la esposa de Hillard, esto para no hablar de los niños;  este triángulo prácticamente “licúa” a un tieso Pierce Brosnan.

Comedia y drama, drama y comedia, manejadas con maestría… pero Robin Williams nos presentaría un rostro más y ese rostro no era el de la risa, no era el de los altibajos del drama… era el rostro de la psicopatía: el espeluznante Seymour Parrish en “One Hour Photo”.

Robin WilliamsParrish es el depresivo solitario. Quizás no sea descabellado pensar que Robin tenía dentro de su alma esas sensaciones y más que sensaciones, experiencias de depresión y soledad que le ataban a la botella como fruto de su alcoholismo. Sobre su alcoholismo llegó a decir: “La adicción no tiene una causa. Está ahí. Espera a que pienses que todo está bien y lo siguiente que notas es que las cosas no están tan bien”.

Otro de los personajes que Williams encarnó de forma excelente, al grado de ser premiado con el Oscar a actor de reparto, fue el del psicólogo Sean Maguire, en la película “Good Wiill Hunting”. En esta cinta, resulta interesante como el personaje de Matt Damon (Wiil Hunting) recibe ayuda del personaje de Robin, pero a su vez, Hunting, obliga a Maguire, a despegarse del dolor y estancamiento que vive, como consecuencia de la muerte de su esposa.

Mientras elaborábamos estas líneas, se informaba que el cuerpo de Wiliams, fue encontrado, colgando de un cinturón y con heridas en las muñecas… así parece, decidió el actor, despegarse del dolor de una presunta depresión, que le venía afectando desde hace algún tiempo.

No cabe duda que muchas veces, “se ríe por no llorar” y tal parece ser el caso de muchos comediantes como Robin Williams, quien siendo niño, sufrió abuso en razón de su gordura, él hacía reír, pero como ser humano tenía tristezas y cometía errores.

Ya a los veinte años o rondando ellos, había probado la cocaína, respecto a esta droga llegó a decir: “la cocaína es la manera en que Dios te dice que estás haciendo mucho dinero”. He ahí otro demonio con el que batalló el actor.

Al respecto, también expresó: “La cocaína se convirtió en mi escondite. La mayor parte de la gente busca en la cocaína un subidón. En mi caso, me echaba el freno… Necesitaba ese momento de calma”.

Desde hace algunos años, Robin había padecido problemas cardiacos y al respecto expresó, pensando en la muerte: “Se mete a través de tu barrera, literalmente quiebra tu armadura. Y no tienes otra opción, literalmente rompe tu abertura”.

Hoy, con él muerto, cabe la pregunta: ¿Cómo rompió la muerte su barrera, cómo se quebró su armadura? Una armadura hecha de luces, de cámaras, de actuaciones, de risas…

Su viuda ha dicho que le recordemos por las risas que nos propició y no por la tristeza…

Pero también debemos recordar la rebeldía de algunos de sus personajes: ya hablamos de Adrian Cronauer y Daniel Hillard, así como “Patch” Adams; pero también impactó grandemente, aquel profesor de literatura, que se encuentra con un grupo de alumnos, en el ya lejano 1959, en la Wellton Acaemy (“La sociedad de los poetas muertos”)

El profesor Keating (Williams), se supone que enseñaría poesía conforme al método tradicional (Inolvidable la escena, en la que los muchachos abren el texto de literatura y comienzan a leer del autor del libro, el tema de la métrica y el ritmo, de donde inclusive se deducía un gráfico casi matemático), pero usa el género literario para señalar un cambio a sus discípulos.

También en algún momento le dice a sus alumnos: “Tomen las rosas mientras aún tengan color, pues pronto se marchitarán”. No cabe duda que Robin Williams tomó las rosas de su vida mientras para él, tuvieron color, desgraciadamente para nosotros, desde su óptica, las rosas se marchitaron y al morir, le abrieron a su dueño, las puertas de la finitud.

Otra de las grandes películas de Robin fue “Despertares” (Junto a Robert de Niro), que estaba basada en la autobiografía del neurólogo Oliver Sacks, Williams interpreta a éste, bajo el nombre del personaje, de Malcom Sayer.

Por otra parte, ya hemos dicho, que no era necesario ver a Robin para disfrutar de su actuación, ese fenómeno se presentó gracias a los efectos especiales en “El hombre bicentenario”, el robot “Andrew” (Williams), va evolucionando de la identificación de emociones y ciertas formas de razonamiento hasta adquirir la humanidad plena.

De las últimas películas que vimos del hoy fallecido artista se encuentra “El hombre del año”, en la que interpreta a Tom Dobbs, un cómico que siendo presentador de un show de televisión, es animado por su audiencia, a entrar en el mundo de la política. Desde nuestro punto de vista, esta película refleja acidas críticas a esa actividad.

Por otra parte, debe decirse que uno de los públicos que más disfrutaba de las actuaciones de Robin, eran los niños, esto quedó demostrado en “Flubber”, una película de Disney, donde el histrión, actúa como un científico distraído, que el día de su boda, descubre a “Flubber”, lo que le hace olvidar su compromiso.

Otras dos películas que gustan al público infantil, son: “Hook” y “Jumanji”; la primera es una película de aventuras, dirigida por jumanyiSteven Spielberg y es la continuación del cuento de Peter Pan, un Peter adulto (Williams), busca recobrar la ilusión perdida de la infancia. En “Jumanji”, Robin es Alan Parrish, un niño perdido por 25 años, que en realidad, está atrapado en el exótico juego de mesa, que le da nombre a la película.

Volviendo al género de drama, está “Más allá de los sueños”, donde el actor protagoniza al médico Chris Nielsen, que tendrá por misión, el sacar a su esposa de los infiernos, es interesante, como este filme refleja el drama humano de la muerte y el suicidio.

No podemos cerrar el capítulo de algunas de las películas de drama interpretadas por el artista, sin hablar de “Fisher King”, donde Robin encarna a Parry, un vagabundo con problemas mentales, que le salva la vida al locutor Jack Lucas (Jeff Bridges).

En el 2007, Williams, filmó “Hasta que el cura los separe”, conocida también como “Licencia matrimonial”, en la que prácticamente el peso humorístico, recae sobre el gran actor…

Hoy que Robin Williams ha fallecido, muchos sienten que se arroja luz, sobre un hecho acecido hace varias semanas, cuando entrara en un centro de desintoxicación, alegando que entraba para reafirmar los años que tenía en sobriedad.

Ya antes, en el 2006, el actor se había internado en un centro de rehabilitación en Oregon, donde admitió su alcoholismo. Valga decir, que las experiencias que Robin tuvo con la cocaína y el alcohol, le sirvieron para hacer humor, un ejemplo de ello, es el monólogo “Armas de destrucción masiva”, donde entre otros tópicos (Incluida una acida crítica política), habla de estos temas.

Al momento de su fallecimiento, Williams, había regresado a la televisión, terminando la primera temporada de la serie “Crazy Ones”, que consta de 22 capítulos…

Con su muerte, se recuerdan sus galardones: un Oscar del que ya hemos hablado y cuatro Globos de Oro, entre otros premios…

Pero además, con su fallecimiento, crecen las expectativas sobre las películas que hiciera y que están listas para sus respectivos estrenos…

De nuestra parte solo queda recordar, al profesor Keating, cuando, entrando a la clase de los que fueron sus alumnos y recogiendo las cosas para retirarse, mira a uno de ellos, romper la prohibición que les habían hecho de dirigirse al profesor, el discípulo, parándose en su pupitre, se despide con el verso de Whitman: “Oh capitán, mi capitán”.

Hoy, por decir lo menos, miles, de pie, en señal de honra le decimos al gran Robin Williams: “Oh capitán, mi capitán”.

 

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