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Tiempo de Poda

Guiselle Rivera CalderónArtículo escrito por la poetisa y educadora costarricense H.Guiselle Rivera Calderón

 

Creció fuerte y saludable en el patio trasero de mi casa, la mano fértil de mi padre lo cultivó hará cerca de  doce años  y desde que llegó a mis manos esperé ansiosa su primer cosecha, recuerdo como lo miraba con sus hojas brillantes y de tonos  verdes   buscando esa primera  flor,  pero tuve que esperar tres años luego de la muerte de mi viejo,  para que me  diera el gusto.

guayabaGrandes, rosadas, dulces  y jugosas guayabas que atesoré de forma egoísta para deleitarme en cada una pensando que papi miraba desde lo alto cuanto las disfrutaba.

Pero con el paso de los años fue imposible mi egoísmo y comencé a repartir a los vecinos, a llevar a mi familia, a compartir en mi trabajo y a juntar guayabas y más guayabas en cada cosecha. Muchas de ellas ni siquiera logré alcanzarlas antes de que cayeran  ya pasadas por maduras.

Entonces abusándome de su hermosura comencé a criar otra pasión  para dedicar mi tiempo de ocio, y de sus ramas fui colgando mi pequeña colección de orquídeas,  que  bajo su sombra crece  silenciosa y me regala cada cierto tiempo, sus místicas y adorables flores.

La mañana era lluviosa y el frio entraba por mi ventana…  frente al cuarto de pilas la sombra inmensa de mi guayabo se había encargado de  acumular moho, humedad  y hongos en las paredes y el cielo raso de mi estudio pues su altura  con mas de tres metros alcanzaba la segunda planta de mi casa… entonces descubrí que había  pasado mucho tiempo sin apodar ese árbol de mis amores y que aun en contra de mis propias emociones tenia que enfrentar esa dura decisión.

Varias semanas pasaron antes de que lograra arrancarme las palabras para pedirle a mi jardinero que enfrentara la faena, y  unos días después una  mañana me despedí de sus grandes ramas pues a mi regreso en la noche  los cortes de la poda se habían encargado de limpiar el árbol a media altura y dejar unos cuantos brotes mas controlados y alcanzables.

Al día siguiente  sentí que mi casa era  diferente; cuando llegué a mi terraza  vi como  la  luz   comenzó a encandilarme y los rayos del  sol desnudo jugaban en las paredes desde el cuarto de pilas hasta el comedor, subí entonces a mi estudio y por la ventana divisé un nuevo horizonte  frente a mi,  era mas limpio, mas bello  y mas amplio  que nunca. Pude ver más allá de lo visible.

De pronto comenzaron a aflorar en mi mente deseos  inmensos de cambiar otras plantas  de mi jardín, algunas simplemente las trasladé de lugar,  otras terminé cortándolas por completo y abriendo a su paso, una vista nueva, que me permite  ver desde mi patio hasta San Ignacio, y admirar  en esa  típica estampa,  la Iglesia que tanto quiero y en la cual  se ha celebrado  desde  la boda de mis padres hasta el bautizo de mis hijas. guayaba2

Entonces descubrí  como a veces hasta un buen árbol debe ser apodado y darle paso a nuevos brotes en sus ramas, que permitan un cambio verdadero; así  también en el jardín de mi alma recientemente cumplidos mis cuarenta y pico, corté algunas emociones, cerré unos cuantos círculos del  ayer , y le abrí paso a una nueva etapa de mi vida, la cual como el guayabo dará nuevos frutos quizá mas grandes, quizá mas dulces, aun no lo se,  pero ciertamente mas alcanzables, mas disfrutados y mas amados que nunca.

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