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Un legado de amor

Guiselle Rivera CalderónArtículo escrito por H.Guiselle Rivera Calderón

 

 En la silenciosa madrugada de un febrero tranquilo, el sonido del teléfono interrumpió mis sueños, el asombro de escuchar al otro lado la firme voz de mi padre me estremeció por completo, mas su saludo pasivo y el dialogo directo pronto me explicó que nada malo había sucedido.

Interior de la masa de robledal de la ladera este del Río MiñóRecientemente se había pensionado y en su inagotable energía  de arquitecto de sueños poco a poco había elegido para mi un proyecto, convincente me explicó las ventajas de cultivar en mi pequeña  finca, la cual había sido de mi abuelo y de él por muchos años, un robledal maderable que me llenara de flores ese terreno que tanto quiero.

Lo imaginó a la distancia como un bosque  colorido que le diera uso al entonces abandonado terreno, robles de sabana, madera hermosa que decora varias de las habitaciones en mi casa, no dudé mucho en aprobar sus intentos.

Desde inicios de ese  invierno mi viejo recorrió cada centímetro de mi terreno, cultivó más de quinientos robles, algunos frutales, maíz, frijoles y varias especies maderables que especialmente le pedí localizarme, entre ellas un par de corteza amarillo.

Jamás imaginé que ese seria uno de sus últimos proyectos y que la voluntad de Dios lo llamaría a su presencia en noviembre de ese año, pero  una mañana triste del año 2003 precisamente recogiendo sus  frijoles, sufrió un infarto que lo doblegó  y pocos días después se nos fue de la vida física.

Entonces los pequeños robles que de por sí ya eran para mi un completo enamoramiento con la naturaleza, comenzaron a tener un significado cada vez mas profundo y mas intenso, los visito muy a menudo, en ellos el alma de mi padre crece con el tiempo; les cuento mis angustias, mis fracasos y mis sueños, les hablo sobre la vida de mis hijas, sobre mis metas y mis desvelos.  Y espero cada año el retoño de sus hojas que caen después del invierno cuando se  adormecen sus ramas como para reposar el mal tiempo.

En esta época, de mis  dos últimos veranos,  espero encontrar el primer valiente que se atreva a cumplir el sueño de mi padre, que ahora más que nunca es también mi sueño,  y deje que sus flores me deleiten por completo, los observo con atención,  y  les recuerdo que en ellos alimento mi esperanza…

Y el tiempo que todo lo alcanza llegó, cuatro de ellos decidieron sorprenderme  y de forma sublime y silenciosa me enseñaron suscorteza amarilla flores, difícil explicar mis emociones,  la pasión con su encuentro, corrí de prisa hacia el corteza amarillo que por exclusivo llama mi atención y múltiples  brotes   decoraban una de sus ramas, miré al cielo y el azul de sus ojos también me miraba, se que sonreía, se que con sus brazos me abrazaba y me decía: “ adelante, sigue soñando hija amada”.

De pronto todas mis pérdidas parecieron nada, y en su legado de amor comprendí que como el roble a veces tendré que perder todas mis hojas y adormecerme quedita en el tiempo, para esperar con fe, el instante perfecto en  que las flores de mi alma anuncien  el alcance de mis sueños.

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